Atrévete a Opinar

9N – Hay Partido.

By on 16/11/2014 in Catalunya with 12 Comments

Después de depositar su voto, un hombre que fue entrevistado por El País durante la mañana del 9N, afirmó: “hoy empieza un día que durará años. Si hay más de dos millones de participantes, este es un partido que se puede ganar”.

Estaba en lo cierto. Con 2,3millones de votos al 9N, hay partido. Y es ganable.

A continuación analizaremos en profundidad los efectos políticos del 9N: el camino de la consulta al ‘proceso participativo, los precedentes de la consulta, la participación y los resultados, el rol de diferentes partidos y asociaciones y los escenarios que se dibujan a partir de ahora.

 

1a Parte: Valoración 9-N: Victoria sin mandato.

  1. El ‘Nuevo 9N’ y la Auto-Devaluación del mandato electoral.

El Proceso Participativo, el ‘nuevo 9-N’, nació el 14 de Octubre como híbrida respuesta del gobierno catalán de evitar la desobediencia al Tribunal Constitucional y, a la vez, poner las urnas el 9N. Fue un pactado, y ágil movimiento de Artur Mas, que le permitió encontrar una salida digna y que desconcertó al personal, sobre todo a ERC.

Técnica y logísticamente, el nuevo 9N suponía eliminar la campaña electoral (no hubo ni un solo debate), reducir los colegios electorales y, lo peor, sacrificar un censo electoral claro.

Políticamente, el proceso participativo nacía auto-devaluado por el propio gobierno catalán, que anticipaba que de la pseudo-consulta no saldría ningún mandato electoral, independientemente de la participación y del resultado. Esta declaración de auto-devaluación fue clave para que el Estado permitiera la consulta.

Más allá de la teatralidad política, los mandatos electorales no se deciden en ruedas de prensa sino en las urnas. Los resultados del 9N permiten analizar cuál es la correlación de fuerzas actual para conseguir un mandato electoral para conseguir la independencia.

 

  1. Precedentes – Escocia y Montenegro.

A la hora de valorar la participación y el resultado del 9N, hay que comparar con los últimos dos casos en Europa: el referéndum de Escocia en 2014 y el de Montenegro en 2006.

El caso escocés, fruto del acuerdo entre los dos gobiernos, no estableció mínimo de participación y el ganador se decidiría por mayoría simple (50% + 1 de los votos).

En el caso de Montenegro, la Unión Europea impuso un mínimo de 50% de participación y un mínimo de 55% de votos afirmativos para consagrar la secesión.

The Economist ha sorprendido en un artículo titulado ‘Let them vote con una propuesta ad hoc para Catalunya: un mínimo de 80% de participación, mayoría simple, y, si ganara el ‘Si’, una segunda vuelta a los tres años. Reclamar un mínimo de 80% de participación parece un poco excesivo teniendo en cuanta la abstención estructural del 15%-25% que existe en España y significaría que el unionismo ganaría siempre apostando por la abstención.

Para lograr un mandato electoral, facilitar el reconocimiento internacional y bloquear resistencias, Catalunya se debería de poner como objetivo conseguir las proporciones montenegrinas.

 

  1. Participación

Participaron en la consulta 2.3 millones de personas. Movilizar tanta gente en una consulta declarada ilegal, auto-devaluada por los mismos convocantes, con limitados puntos de voto y sin garantías de conseguir un mandato electoral fue una victoria del independentismo, un gran poder de movilización, un gran acto de internacionalización y demostró la demanda real en la sociedad catalana de un referéndum de autodeterminación.Participacion 9N

El censo exacto es desconocido, pero el Instituto Nacional de Estadística –INE- lo sitúa en 6,2 millones, un 14% más elevado que en las autonómicas de 2012, que estuvo en 5,4m.

La fórmula del INE, que ha sido acusada de maximalista, -aunque ni la Generalitat ni IDESCAT hayan aportado una aproximación alternativa-, consiste en sumar toda la población catalana mayor de 16 años, más 221mil ciudadanos catalanes que están registrados en el extranjero, más 900mil ciudadanos de nacionalidad extranjera que viven en Catalunya, aunque tengan un permiso de residencia temporal.

A lo mejor la Generalitat quiso darle un toque de apertura a la consulta, pero la verdad es que incluir al censo a la población extranjera diluyó, y mucho, la participación proporcional y el mandato electoral que le corresponde.

Si se usa el censo del INE, los 2.3 millones de votantes suponen un 37% del censo.  Si se usaran los votos absolutos del 9N con el censo de 2012, la participación subiría al 42%. En cualquiera de los dos métodos, no se llega al 50% de participación.

 

  1. Resultado

El indeResultado 9Npendentismo, con 1,8m de votos – 80% de las papeletas-, ganó claramente el Referéndum. Usando el censo del INE, esto significa el 29% del censo. Usando el censo del 2012, sube al 33%.

Como era previsible, el bloque del ‘No’ se refugió en el carácter inconstitucional de la consulta para potenciar la abstención en lugar del enfrentamiento democrático.

Esta consigna, no obstante, no fue seguida por todos: un total de 440mil de votantes del 9N, un 19.24%, no fueron en pro de la independencia. Hay sin duda una demanda de votar mayor que la fuerza soberanista.

 

 

  1. Valoración Política

 Hay unas claras primeras valoraciones sobre el 9N:

 

  1. Catalunya desobedeció al marco constitucional español y realizó una consulta sobre la autodeterminación, y la ganó con 1,8millones de votos, consolidando el independentismo como fuerza mayoritaria hoy en Catalunya.
  1. Los resultados de la consulta no lograron un mandato electoral para declarar la independencia. Si bien el independentismo es mayoritario, no suma, por sí solo, el 50% del censo. 
  1. En síntesis, hay victoria pero aún falta el mandato electoral.

 

 5.1 La desobediencia

A pesar de que la consulta nacía devaluada y sin mandato, no se puede menospreciar que tanto el gobierno autonómico como más de 2 millones de votantes claramente hicieron un acto de desobediencia al estado español, que había ilegalizado el 9N.

La participación fue similar al Referéndum del Estatut del 2006 o las Europeas del 2014, pero en un escenario adverso como la ilegalización el Referéndum, mostrando hasta qué punto se ha transformado el escenario catalán (hasta hace bien poco  parecía insólito e imposible votar la independencia) y, a la vez, limitaciones del estado español y falta de control efectivo sobre la política catalana.

La desobediencia ha sido un paso de gigante en el ejercicio de soberanía, en cómo la población asimila que es posible auto-determinarse y cómo durante toda la jornada del 9N la autoridad española pareció no existir en Catalunya. Y ha habido liderazgo de un presidente que es tratado en España como si fuera un esclavo fugado de una plantación y que debe volver al orden y dejarse de aventuras. La desobediencia es, también, al ‘ordena y mando’ del Madrid casposo y castizo.

5.2 independentismo, mayoritario en Catalunya

Los motivos de euforia no se reducen a la desobediencia. Cuantitativamente, hay razones para percibir la viabilidad de la independencia.

El independentismo ha pasado desde ser marginal en Catalunya a ser la opción mayoritaria en solo seis años, mostrando el salto cualitativo durante la Gran Recesión y las políticas de austeridad.

En las Generales de 2008, a un año de la crisis, ERC sacó el 7.86% de los votos, y ERC y CiU sumaron el 29%. La suma de PSOE y PP fue del 62%. Qué lejanos quedan estos resultados y qué extraordinario ha sido el cambio de escenario.

En términos absolutos, el independentismo se mantiene estable cerca de la cifra de 2 millones pero sin superarla. Nadie duda que haya sido un gran resultado. El tema es si es un resultado suficiente para lograr la independencia.

Podría serlo. Lo que es seguro es que es un resultado que coloca al independentismo como fuerza mayoritaria en Catalunya.

Con 1,8m de votos se hubiera ganado todas y cada una de las contiendas electorales celebradas en Catalunya, tanto generales como autonómicas desde 1977 a 2012.

Y no solo ganar, sino lograr también la mayoría absoluta: cuando termine el recuento final de votos (a finales de Noviembre) el ‘Si-Si’ habrá recibido más votos el 9N que la mitad más uno de todos los votantes en todas las convocatorias electorales desde 1977, excepto las Generales del 2004:


Votos 9N Vs Participacion 1999-2012
En un escenario en que el bloque del ‘No’ hubiera ido a votar en lugar de abstenerse y hubiera obtenido unos resultados similares a la suma de PP-PSOE-Ciutadans-UPyD-PxC en las últimas elecciones catalanas, un total de 1,3 millones, el independentismo habría salido claramente ganador.

Incluso si añadimos a este bloque un aumento del 14%, correspondiente a lo que ha aumentado el censo, (a pesar de que el bloque soberanista no ha tenido ésta subida) el unionismo quedaría a 1,5 millones, por debajo aun de los 1,8millones, aunque no muy lejos.

Las elecciones plebiscitarias y/o un Referéndum Oficial aumentarían la participación. El caso más similar sería el de las Generales del 2004, la contienda electoral con más participación de la historia de Catalunya, con un total de 4millones de votos, el 76% del censo, y producida tres días después del 11-M. Por relevancia y transcendencia es el ejemplo más próximo que tenemos.

Usando el censo de 2012 (5,4m) y la participación del 2004 (76%) da un total de 4,1 millones de potencial participación. Hay que asumir ya que existe (en Catalunya i en España) alrededor de un 20-25% de abstención estructural que, algún día, estaría bien resolver.

Si se usa el mínimo requerido con Montenegro, un 55% de votos a favor, estaríamos hablando que la independencia requeriría unos 2,25 millones de votos. Si se usa como mínimo la mayoría simple escocesa (50%+1), bastarían unos 2,05m de votos. Ambos quedan arriba del techo actual del soberanismo pero es un resultado factible si se concibe las elecciones como ‘la votación final’. Mucho más difícil lo tiene el bloque unionista, tan desmovilizado y desarmado dialécticamente como está, conseguir movilizar 2millones de votos.

En definitiva, el 9N ha logrado hacer aún más viable la posibilidad de lograr realmente la secesión, romper tabús y transformar mentalidades y realidades: los catalanes ya saben, y no por recuentos en manifestaciones sino en votos, que existe una mayoría independentista en Catalunya.

5.3 El independentismo, insuficiente para lograr el 50% por si solo

Si bien los 1,8 millones de votos convierten en el independentismo en la opción mayoritaria de Catalunya, existen motivos para no naufragar en la euforia y creer que la independencia está a la esquina por gracia determinista.Voto Independentista 2012-2014

El voto absoluto soberanista parece estar cerca de tocar techo. Incluso con un censo ampliamente superior al de 2012, los votos del Si-Si, 1,86 millones, se parecen demasiado a la suma de papeletas que lograron CiU, ERC y CUP en 2012, que fueron 1,74m. Si sumáramos los votos de SI y la mitad de los de ICV, la cifra es incluso superior.

Peor aún, los 1,8millones de votos solo suponen entre el 29%-33% del censo, lejos de lograr por sí solo el 50%.

En el escenario optimo (participación 2004, censo 2012), si el bloque del ‘No’ potencia la abstención hay un problema. Usando el método montenegrino, deberían de participar como mínimo 2.7 millones de personas (50%+1 censo).

Esta es la fuerza que necesita el independentismo para auto determinarse realmente sin tener dependencias ni de España ni del unionismo y es la cifra que hubiera dado realmente un mandato electoral por muy devaluada que naciera la consulta.

Esta cifra también tendría el valor simbólico de superar al número de catalanes que votaron a favor de la Constitución del 78.  Si bien el censo era inferior en aquel entonces, la práctica es que significaría que existen muchos más catalanes vivos que votaron la Independencia que no que votaron una Constitución que niega el derecho a la autodeterminación. Si el independentismo sacara 2.7 millones por sí solo, no solo eliminaría la dependencia al bloque unionista, sino que crearía una narrativa irrefutable en la arena internacional.

Pero a día de hoy el independentismo parece lejos de lograr los preciados 2,7m cuando en los dos últimos años, en plena movilización, en plena crisis y pudiendo por fin llegar al 9-N, se ha mantenido en proporción similar de 1.7m-1,8m. Lograr otro millón parece fuera de abasto a corto plazo.

Y en un escenario que el independentismo es mayoritario pero no logra por si solo el 50% del censo, ¿por qué debería el unionismo salir en su ayuda? La posición unionista por la abstención es coherente con su finalidad. Si el unionismo participara, el referéndum lo ganaría el independentismo superando el mínimo de participación. Pero si el unionismo no participa, el independentismo por sí solo no llega al 50%. La dependencia a la participación del unionismo para lograr un mandato electoral por la independencia es un claro catch-22 de difícil resolución.

La abstención ha sido, es y será la última carta del unionismo para evitar un mandato electoral independentista irrefutable.

5.4 La unidad de los partidos políticos y la movilización popular

Desde el 29 de Setiembre -en que el Tribunal Constitucional suspendió la consulta original-, al 14 de Octubre, -cuando Artur Mas convocó el ‘Proceso Participativo’-, Catalunya vivió unos días llenos de enigmas, altas dosis de escenificación y de esperpénticas negociaciones paralelas entre el gobierno catalán y el español, entre CiU y ERC, y entre las fuerzas a favor del derecho a decidir.

Con tal de sortear la impugnación del Constitucional, Artur Mas hizo una propuesta con la que conseguir, otra vez, mantener abierto el camino hacia la independencia sin hacer aun el paso inevitable del proceso: la ruptura con el marco legal. Mas, equilibrista, intenta aplazar este paso, pues supondría la ruptura definitiva con UDC y con la alta burguesía catalana. Y hay miedo en sectores convergentes a romper con su hábitat natural.

La propuesta del ‘Proceso Participativo’ mantenía la fecha, la pregunta y las urnas pero reducía los puntos de voto, delegaba la ejecución en voluntarios, y sacrificaba la campaña, los debates, el censo y el mandato electoral.

Mas pudo hacer esta propuesta porque la presión que recibió el gobierno durante esos 15 días para desobedecer el Constitucional fue limitada. La ANC, que tiene el mayor poder de convocatoria hoy en Catalunya, despareció del mapa. Mientras organizaciones juveniles organizaron marchas y acampadas, la ANC se mantuvo al margen. La izquierda independentista catalana, históricamente la principal fuerza soberanista del país, debería recapacitar de cómo ha conseguido en tan poco tiempo perder tanto poder de movilización y, a la vez, estar tan alejado de las estructuras de dirección de la ANC para incidir desde allí al marco político actual.

La CUP, por su parte, no salió de su esquema mental de que lo importante era celebrar el 9N, incluso si era tan rebajado que en la misma convocatoria se negaba el carácter de mandato electoral.

Solo ERC se quejó públicamente de lo inadecuado e inútil que era la auto-devaluación en el proceso soberanista y pidió volver a la consulta original. Fue en vano y tuvo que rectificar a los pocos días después de recibir presión de todos lados.

Es como si el independentismo catalán había quedado tan emocionalmente ligado a la fecha del 9N y tenía tanto miedo a la frustración que no ocurriera nada aquel día, que, el factor más importante, el mandato electoral del referéndum, se sacrificó con muy poca oposición y se dio por buena la jugada de Artur Mas.

Solo el tiempo dirá si la acumulación de fuerzas obtenida compensa la oportunidad perdida de lograr un mandato electoral en aquel momento.

 

 2a Parte: ¿Y ahora, qué?

Hay partido y el proceso no muere. Hay tres posibilidades a corto-medio plazo para lograr el mandato electoral para conseguir la Declaración de Independencia: el Referéndum Oficial, el Referéndum Unilateral y las Elecciones Plebiscitarias. Hay una cuarta opción que no conllevaría mandato electoral alguno, pero que es plausible: agotar la legislatura.

 

6.1 El Referéndum Oficial

Un referéndum vinculante pactado a la escocesa, con campaña pública y con aceptación de los resultados. Este sería el mejor escenario posible para el independentismo. De un lado con la correlación de fuerzas actual se podría anticipar una victoria del ‘Si’ superando los mínimos de participación. De otro, ante la posibilidad de una separación tranquila y pactada se volcaría tanto la población como el sector privado catalán, asustado por el divorcio traumático

Este escenario, no obstante, parece descartado debido, justamente, a la correlación de fuerzas actual. Detrás del bizantino debate sobre la divisibilidad de la soberanía española se esconde la certeza que el unionismo es hoy minoría en Catalunya y no se puede permitir el riesgo de un Referéndum Oficial.

Solo en un escenario de presión empresarial y/o internacional, Madrid podría aceptar convocar un Referéndum. Pero el nivel de conflictividad popular en Catalunya o de influencia diplomática de la Generalitat están hoy muy lejos de conseguir este objetivo.

Organizaciones como la ANC que llevaban meses bajo optimistas análisis de proclamación de la independencia poco después del 9N y que concebían el proceso independentismo como si estuviera marcado por el determinismo histórico, deberían reflexionar profundamente la estrategia y analizar cuáles son los requerimientos para que España se vea forzada a aceptar un referéndum. Está claro que una manifestación al año es insuficiente.

Otra opción es un cambio en la correlación de fuerzas de España: una victoria de Podemos podría permitir un Referéndum Oficial. No obstante, para que Podemos pudiera gobernar y evitar la Gran Coalición, necesitaría ganar por mayoría casi absoluta, escenario poco probable. Y, aun consiguiéndola, habría que ver si realmente la izquierda española una vez al poder sigue defendiendo el derecho de autodeterminación de Catalunya.

 

6.2 El Referéndum Unilateral

Otra opción sería el Referéndum Unilateral. Parecido al 9N pero con una logística claramente superior: una campaña electoral real, puntos de votación óptimos sin colas tercermundistas y, sobretodo, un censo real de donde sacar claramente un mandato según la participación electoral. En otras palabras, como si se hubiera desobedecido el 9N original.

La principal ventaja de esta opción es que no depende de España para realizarse. La mala noticia es que sin la oficialidad del Referéndum, el bloque del ‘No’, previsiblemente, volvería a apostar por la abstención, con el fin de deslegitimar el resultado final y evitar lograr el 50% de participación. Para cumplir los mínimos montenegrinos, El Referéndum Unilateral debería contar con una participación de 2,7m y la opción independentista recibir 2,25m de papeletas. Hoy el independentismo parece incapaz de movilizar al 50% del electorado en un Referéndum Unilateral. Y, al no conseguirlo, el mandato electoral sería demasiado tibio para hacer una declaración.

Así que esta opción probablemente terminaría con un escenario muy parecido al actual y no sería resolutorio.

 

6.3 Las elecciones Plebiscitarias

Las elecciones plebiscitarias parecen hoy la única fórmula existente y viable para lograr un mandato electoral a corto y medio plazo.

De un lado no requieren el permiso de España y, de otro, el unionismo se deberá presentar, con lo que la actual correlación de fuerzas daría una victoria a las fuerzas soberanistas superando, de largo, los mínimos de participación.

Tienen el inconveniente que técnicamente son unas elecciones autonómicas ordinarias, por mucho carácter plebiscitario que se le quiere dar y que el mandato electoral que surja tendrá más complicado el reconocimiento internacional. Hasta 8 diferentes fuerzas con diferentes programas pueden conseguir escaños, diluyendo mucho el mandato electoral real. Además, habrán partidos que no se posicionaran en ninguno de los dos bloques, como Podemos, cuya irrupción es imposible de anticipar hoy.

Políticamente, difícilmente se logrará hacer una candidatura unitaria con todo el bloque del Si-Sí. Y, sin candidatura unitaria, difícilmente se conseguirá que todas las listas independentistas separadas solo tengan un punto en el programa y no meter la coletilla partidista.

Y, más complicado que pactar el programa, seria pactar un gobierno de concentración y la hoja de ruta:

¿Se van construyendo ya las estructuras de estado (hacienda, seguridad social, etc) o se espera a la declaración?

Y la gran clave de todo el proceso, ¿en qué momento se hace la Declaración Unilateral de Independencia –DUI-? Hay varias opciones: en la noche electoral, en el primer pleno del nuevo parlamento, después de una ronda de negociaciones con el estado, después de pedir formalmente, otra vez, un Referéndum Oficial al estado y a la Unión Europea, después de organizar un Referéndum Unilateral, después de tener preparadas las estructuras de estado, al menos la Seguridad Social y Hacienda, después de hacer una semana de huelga, etc.

Hay muchos escenarios, no todos se pueden anticipar ahora y, por lo tanto, de muy difícil acuerdo preelectoral entre las fuerzas soberanistas. ¿Qué ocurre si una fuerza va a las elecciones pidiendo un Referéndum Oficial y otra pidiendo directamente la DUI? Esto diluiría aún más el mandato electoral, ya tocado por el hecho de surgir de unas elecciones autonómicas y no de un referéndum.

Las plebiscitarias son, pues, la única alternativa viable y controlada desde Catalunya para lograr un mandato electoral a corto plazo. Sin embargo, supondrían tantas complejidades que requerirían de un esfuerzo de inteligencia y coordinación que solo sería manejable si realmente existiera una agenda genuinamente independentista a corto plazo entre todas las fuerzas, asumiendo la necesidad de romper con el marco constitucional español, e ignorando las presiones reconciliadoras.

Muy difícil, más después de ver cómo la unidad de los partidos pro-consulta estalló en la reunión del 13 de Octubre donde el gobierno comentó que aceptaría la prohibición del Constitucional y propuso la alternativa descafeinada.  La falta de confianza, sobretodo, entre Mas y Junqueras, complicará el futuro inmediato del proceso y limitará la gestión de las plebiscitarias y de una dirección colegiada  en la hoja de ruta de la secesión.

Pero no imposible si, sobretodo, el proceso va acompañado, ahora sí, de una fuerte movilización popular para lograr el mandato electoral y llevarlo hasta las últimas consecuencias.

 

6.4 Agotar Legislatura

La opción del establishment catalán y español es que Artur Mas intente agotar la legislatura, ya sea en minoría o con el apoyo del PSC o de ERC. No es una opción remota, sobretodo porque tiene buena narrativa: ‘la necesidad de gestionar el día a día para sacar Catalunya de la crisis, la necesidad de construir estructuras de estado, la necesidad de abrir ahora el melón constitucional, la necesidad de esperar a la nueva correlación de fuerzas en España, la necesidad de convencer a los indecisos de las virtudes de la independencia’, y un largo etcétera. Se puede vestir la inacción con una narrativa muy independentista.

Pero pronto llegará el día en que, por muchas tácticas dilatorias, negociaciones, promesas, y conejos en la chistera que los actores saquen, no se podrá aplazar más el momento, y Artur Mas y CDC tendrán que decidir, finalmente, si dan otra oportunidad a la reconciliación con España o si aprovechan la ventana de oportunidad que la crisis ha abierto al independentismo.

Se entiende que la decisión la tomará el presidente catalán en los próximos días, después de analizar la viabilidad de la candidatura unitaria y los sondeos que le dan a su formación por separado, el llamado ‘Partit del President’ que pretende apartar las tóxicas siglas de CiU en las futuras elecciones.

Si se termina por agotar la legislatura, Artur Mas y el mundo convergente, no obstante, deberían anticipar que por mucha narrativa independentista que le den al estancamiento del proceso, estarán cavando su propia tumba electoral por mucho tiempo que ni un cambio de siglas podrá detener. Llegar a las municipales del 2015 sin convocatoria de elecciones anticipadas serán el primer indicador del gran declive que le espera a CiU.

 

Conclusión

En síntesis, el independentismo es hoy mayoritario en Catalunya y ganaría un Referéndum de Autodeterminación. La oposición española a pactar un referéndum, no obstante, impide esta solución. Las medidas de presión real de la movilización catalana y la acción diplomática de la Generalitat son, hoy, insuficientes para motivar la intervención internacional y/o empresarial que fuerce a España celebrar un referéndum. El cambio de la correlación de fuerzas en España debería ser muy grande y de muy envergadura para permitir un Referéndum en Catalunya y, en todo caso, no se obtendría hasta 2016.

Si bien es mayoría, el 9N demuestra que el independentismo no tiene la fuerza suficiente para lograr la movilización del 50% + 1 del censo (2,7m), impidiendo así el mandato electoral a través de un Referéndum unilateral si el unionismo apuesta por la abstención.

Lograr el mandato electoral se reduce ahora a unas elecciones plebiscitarias, el único escenario que garantiza la victoria independentista con la participación suficiente. No obstante, es un complejo camino que dependerá de la genuinidad de los líderes políticos a llegar hasta el final, la capacidad de obtener liderazgos colegiados, la creación de un gobierno fuerte que asuma la ruptura con el marco constitucional español y una movilización popular que empuje durante todo el proceso.

En definitiva, hay partido.

 

Constantí Segarra

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There Are 12 Brilliant Comments

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  1. Fèlix says:

    Chapeau. Es lo más brillante que he leído sobre la situación del conflicto, no deja piedra sin remover. Una perla, debería tomarse como ejemplo de análisis político. Enhorabuena.

  2. AliBay says:

    Dos comentarios en uno.

    Las plebiscitarias tienen el peligro que el gobierno español podría sentir la tentación de ilegalizar los partidos independentistas, se presenten por separado o con lista única.

    Mi cálculo es más simple pero llega, más o menos, a tus mismas conclusiones. Si el sí-sí consiguió 1.8 millones de votos y el no 0.1, el no necesita 1.7 millones para igualar el sí-sí. Esto significa elevar la participación de 2.4 a 4.1 millones, como mínimo y suponiendo que todos los abstencionistas pasen a votar no y no voten sí-no, por ejemplo. Tomando las cifres de censo posible, tanto del INE como del IDESCAT, de 6.3 millones (7.3 total menos 1 menores de 16 años), significa pasar del 37% al 65% de participación. A esto hay que sumarle los nuevos votantes que votarían sí-no y los, pocos, que votarían sí-sí. En resumen, que para tener el no matemáticamente alguna posibilidad, deberíamos plantear una participación mínima seguramente de entre el 70% y el 75%. Si a esto le sumamos que la estrategia del no ha sido hasta ahora abstencionista, veo muy difícil que puedan movilizar masivamente sus partidarios para llegar a estas cifras.

  3. Esto no es un simple artículo de opinión. Esto es un máster !!! Mis felicitaciones !!!

  4. Me parece también, en general, un artículo muy bien planteado. Pero como se me pide mi comentario crítico voy a darlo. Hay algunos desajustes que deberían valorarse con más atención, pero el más importante de todos es que no se haga distinción entre una valoración de resultado en una pregunta de dos opciones (SÍ/NO) y una de tres (SÍ/INDEPENDENCIA A MEDIAS/NO).
    Si en Montenegro se exigía un 50%+1 voto de participación y un 55% de votos afirmativos entre los participantes (se suponen excluidos los nulos), en el mismo referèndum, si la pregunta hubiera incluído también la posibilidad de responder, por ejemplo, “seguir con Serbia pero con ejército propio y un buen pacto fiscal”, el porcentaje de votos exigibles debería haberse reducido a la tercera parte (33,333333% + un 3% extra de refuerzo si se quiere). De lo contrario se está exigiendo una mayoría no sólo reforzada, sino absoluta, requisito este que nunca se ha impuesto en ningún referèndum de secesión. Mejor dicho, si se ha impuesto es porque mayoría absoluta y mayoría relativa se confunden cuando sólo hay dos posibilidades de respuesta. Y no se consideran homologables los referèndums que, al menos en la primera pregunta determinante sobre la independencia, no pidan explícitamente un voto afirmativo o negativo a la secesión. Por lo que a la participación se refiere, cualquier demócrata se sentiría avergonzado de plantear un referéndum en el que fuera posible que una de las instituciones implicadas recomendara oficialmente la abstención. Y de darse esta situación, los árbitros internacionales que se suponen deben velar por la corrección del proceso, deberían automáticamente anular la cláusula de exigencia de una participación mínima.
    En la situación –estraña situación– del referèndum que no es referéndum sino consulta no refrendaria con tres preguntas y además encadenadas e invertidas, que luego se convierte en un Decreto para obtener el mandato de ir a negociar con el Congreso de forma totalmente ajena al resultado y sin ningúna fuerza jurídica y, finalmente, queda reducido a una simple y esperpéntica encuesta, no se pueden establecer comparaciones con ningún esquema semejante. Y, si se quieren establecer para prever respuestas de futuro, deben establecerse correctamente, es decir repartiendo los porcentajes entre todas las posibilidades de respuesta o, mejor aún, que de llegar a un referéndum de secesión con pretensiones de reconocimiento internacional, deberá despojarse de intromisiones federalistas, confederalistas o de terceras vías.
    Lo más acertado en el estudio/máster, sin duda, consiste en destacar la ya prevista e intencionada desde el principio auto.devaluación del proceso. Que fue debida a tensiones muy peculiares en el seno de la coalición que pretendió coger el timón del proceso empujada por su previsible descalabro electoral, però que se convirtió en una tomadura de pelo para el resto de partidos y de ciudadanos (con el permiso de la ANC en que la coalición había situado estratégicamente sus peones). En nombre de la unidad de los independentistas esta coalición obligó, con falsas promesas, a la unidad con los que sólo querían las ventajas estratégicas de plantear la independencia como ultimátum, sin querer llegar nunca a ella. Este aspecto –que en parte se insinúa en el artículo- debe ser analizado a fondo en cualquier estudio de la situación que, además de ser documentado, pretenda ser medianamente serio.
    Porque lo merecen 1.800.000 catalanes, ellos sí independentistas, ajenos a estas triquiñuelas, que son manipulados constantemente por el electoralismo partidista de CiU y, en cierto modo también, por el resto de partidos que, descolocados, no encuentran la puerta adecuada para volver a entrar en el campo de combate del que se les ha expulsado después de haberles obligado a entrar. El día 13 de octubre Convergència renunció –espero que no definitivamente– a la independencia y a desvincularse de Unió y desde entonces está exigiendo al resto de partidos, principalmente a ERC, que respalden su postura bajo pena de aparecer ante todo el mundo como los que han roto la unidad. No sé si las lágrimas de Junqueras fueron oportunas o sinceras, pero sí sé que estuvieron más que justificadas. Como lo estarán las de 1.800.000 independentistas si algún día descubren que sus ansias se han pervertido y se las ha enterrado vivas en el pozo sin fondo de la reforma constitucional. Si algún día sucediera, claro está.

  5. jake says:

    Si en una comunidad de vecinos el del local comercial quiere independizarse por estar harto de pagar el buzón, la limpieza del portal que no usa por tener acceso independiente y el gasto del ascensor ya puede hacer todas las encuestas dentro de su local que sin el apoyo de los demás de la escalera, tururú.
    Es mentira los datos del censo ya que los referéndum no son regionales sino estatales por lo que los porcentajes deben establecerse en base al total. Hay un 4% de los votos ¿hay partido? Si se habla de “censo” ¿porqué se ciñe exclusivamente al de Cataluña? ¿no sería mejor hacerlo solo en Barcelona donde el resultado sale más cómodo? ¿o es que considerar solo Barcelona es mentir y considerar el de España al completo no es coherente?

    ¿se quiere un referéndum? por mí de acuerdo, pero con todos, no con los interesados. Que así se independiza cualquiera incluyendo cualquier comunidad de propietarios de su municipio y eso no es serio ni admisible jurídicamente.

    ojo que fuera de Cataluña tendría un sorprendente apoyo este tema por cansino. Aunque tras sembrar la discordia durante 40 años con el “yo quiero lo mío” caerían dos tazas y media con los aranceles, aduanas, impuestos de la UE a los extracomunitarios, seguro veto de entrada en la UE, deslocalización de empresas que quieren estar en la UE… La UE poco apoyaría a Cataluña viendo algunos estados que pueden disgregarse a voluntad según les parezca.

    Eso sí, las plazas de España se renombrarían a Jordi Pujol o Arturo Mas, estatuas, colegios y universidades con los nombres de los libertadores, placas conmemorativas, megalomanía desbordante. Y el 3% se mantendría, porque de eso se trata. Que no se hable de lo preocupante sino de lo interesante. Pero lo que no gusta de ver es mejor ponerse la venda y seguir adelante, ¡hay que seguir avanzando!

    • Isabelina says:

      Si en una comunidad de vecinos no se presentan a votar… tururu. se decide lo que decidan los presentes

      • jake says:

        ¿porqué no intenta que su comunidad vote independizarse de su municipio y dejar de pagar IBI, tasa de basuras y demás impuestos ajenos? ah…que no es legal. Pero cuando no nos gusta la tirada del dado en la partida cambiamos las reglas y vamos en la dirección que se nos antoje o contamos el doble, o la mitad…ese es el argumento.

    • cuenca cuenca says:

      ¡Por fin algo de “sentido común”, pero claro, fuera de los “mantras” al uso, por lo que no “vale” para lo que interesa a los nuevos “señores feudales”!. Si se supiera un poquitín de historia de la Cataluña medieval se evitaría la “cla” (aunque bienintencionada, manipulada en sus afectos).

  6. Javier says:

    “¿Se van construyendo ya las estructuras de estado (hacienda, seguridad social, etc) o se espera a la declaración?”

    Estructuras de Estado? Pero es posible que la Generalitat pueda crear esas estructuras de estado sin el beneplácito del Gobierno central?

  7. jake says:

    La motivación es ascender en el escalafón. Y los secretarios pasan a ser directores, los directores pasan a consejos, los consejeros a ministros del nuevo país. Y por supuesto hay que renovar los secretarios. El de arriba solo se mueve en las dos primeras filas.
    El resto, puro teatro y victimismo interesado.
    Quien roba a los catalanes son otros catalanes. Pero señalan con el dedo a lo que sale en dirección diferente a Cataluña y esconden todo lo que se despilfarra. Cortinas de humo.
    Cierto que ocurre en todas las comunidades solo que ninguna se ha inventado una huida al frente como la independencia para esconder el mea culpa. Y como el PP y el Psoe no están apenas en Cataluña hay que sacar las vísceras al “gobierno central” cuando hace ya 35 años que pinta menos en esa región que los pujoles y mases.
    El segundo acto tras la independización es seguir victimizándose diciendo que “el daño va para largo”, que llevará décadas “reconstruir” lo que no existió nunca y por eso cuando no haya grandes avances los que han protagonizado el tema hará mucho que están en el retiro con sus placas y calles y plazas con su nombre, la vaca exprimida y el pueblo engañado.
    ¿de verdad que si hubiese tanto que ganar con toda la megapropaganda realizada habría existido tal abstención? que la gente tiene otras preocupaciones mayores, hombre.

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