Atrévete a Opinar

Chulería madrileña, por Alberto Ruiz Gallardón.

By on 06/12/2013 in Boxed Society with 1 Comment

Comienzo este partido con la presión de jugar de visitante. Habría que remontarse a la Guerra Civil con aquellos affiches que rezaban el lema «Defensar Madrid és Defensar Catalunya» para emparentar, por última vez y hasta ahora, los intereses y el destino de nuestras tierras. De todos modos, para no recibir un buen escarmiento «a lo Figo» sin tener oportunidad de jugar, me gustaría aclarar que, sin ser Luis Enrique, me siento muy a gusto cuando juego en Cataluña y que, aunque no aplauda en el minuto 17:14 en el Camp Nou, comprendo y defiendo, siempre desde mi condición, las reivindicaciones del pueblo catalán.

Tras intentar meter en vereda al respetable, procedo a presentarle a mi esperpéntico personaje de ficción de universidad católica: Alberto Ruiz Gallardón. En la misma línea de Troy McClure, quizás conozcan a Alberto por largometrajes como «Alcaldes al borde de un ataque de izquierdas» o series como «Aborto Azul», pero en este caso, me gustaría contar el argumento de su verdadera historia política: «La metamorfosis».

Tras aprobar las oposiciones a la fiscalía, comenzó a ejercer su actividad política en Alianza Popular. Presidió la región madrileña y tomó el relevo de Álvarez del Manzano en la alcaldía de la capital. Aún recuerdo a aquel Alberto: un Balotelli entre los peperos, un rebelde del pepé que llevó a juicio a Jiménez Losantos. Al grano: Gallardón alcalde dejó a Madrid en una delicada posición deudora e incrementó en gran medida la dificultad de cobro de acreedores y deudores. A cambio, soterró la M30 para mejorar los niveles de contaminación, convirtió la Ribera del Manzanares en una zona verde, modernizó el centro de la ciudad, facilitó el acceso a transportes alternativos, comunicó el distrito Latina –zona de la que procedo- con el centro de la ciudad, y un largo etcétera de políticas de modernización más que necesarias para una villa que, más que una capital europea, parecía una caricatura de Macondo.

Gallardón reguló el Manzanares con nuevos criterios ecológicos, dando fruto a un río más caudaloso y sin la función de alcantarillado. Bajo el sueño de ser villa olímpica, peatonalizó el centro de la ciudad, mejoró las condiciones del servicio de limpieza y aprobó la Ley de Capitalidad: un nuevo sistema de financiación, mejor prestación de servicios, mayor número de inversiones y avance en calidad de los servicios públicos. Y cuando Albertito parecía ser el bueno de la peli, olvidó sus rencores intelectuales con Losantos y solo le faltó firmar su manifiesto en «Por qué dejé de ser de izquierdas». Aquí comienza nuestra historia: «La metamorfosis de Alberto».

Tras dejar la alcaldía de Madrid en manos de Ana Botella –criticable, pero que no es el tema, para eso ya está El País y su financiación venezolana y otros intelectuales de alta alcurnia como Willy Toledo-, Gallardón se hizo Ministro de Justicia. Albertito pegó su giro a derechas particular, mucho más troikista que trotskista. Alberto, muy Capitán América él, quiso defender a las familias del mundo y para ello, lejos de ofrecer incentivos fiscales, flexibilizar su capacidad de endeudamiento, flexibilizar su postura hipotecaria o retomar el cheque bebé, decidió dar un tratamiento penal del aborto. También reformó el Consejo General del Poder Judicial, como Dios manda: dio más poder a las Cortes, reduciendo su independencia, politizando y sometiendo al CGPJ al poder ejecutivo; Rousseau se debe estar revolviendo en su chalet de mármol. Además, en su aspiración al papel de «prota» de «Cambio Radical», Alberto mintió: aseguró que se recuperarían las tasas si se ganara el recurso –gran mentira teniendo en cuenta que el que devuelve los costos es el damnificado y no el Estado-. Alberto se olvidó de los niños pobres por los que rezaba en la iglesia cuando era chico e imposibilitó el recurso a sentencias adversas por las elevadas tasas para los más desfavorecidos- tasas que, para más inri, no son deducibles fiscalmente.

Lo siento, ya acabo la película. Espero que la historia de Alberto os haya gustado a pesar de acabar peor que «Perdidos» y que aunque esto se haya parecido más a «Torrente, el brazo tonto de la ley» que a un metafórico relato de Kafka, haya sido de interés. Por lo demás, dormiré tranquilo, sé que mi peor enemigo vela por mí.

D.G.

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  1. pepenadal says:

    una parte de afrontar el peligro con exito pasa por tomarseo a broma y tu resumen es francamente divertido (lo cual nme dice que el peligro es grande ….).

    Solo un comentario en aras de la exactitud academica: la separacion de poderes, historicamente se atribuye a Montesquieu… Igual seguro que Rosseau, que en general opino mucho de de todo y por escrito, dijo tambien algo al respecto… vete a saber …

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