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Desempate y Referéndum

Desempate

El 26-J es una gran oportunidad para superar el bloqueo y lograr la polarización necesaria para conseguir o bien un gobierno rupturista con el Régimen del 78 o bien la pasokización del PSOE con su apoyo a la Gran Coalición.

La narrativa del desempate ha sido brillante por parte de Podemos y enmarca racionalmente la repetición electoral con el objetivo de lograr otra correlación de fuerzas gracias a la alianza con IU.

A la vez, la segunda vuelta ha mostrado que los partidos del Régimen, PP, PSOE y Ciudadanos, tienen en común el rechazo a Podemos y en evitar que logre cuotas de poder gubernamental. Se nota cierta tregua y una dinámica electoral compartida que pasa por denunciar que Podemos es un agente de Venezuela. Venezuela como marco ideológico y teórico para justificar la Gran Coalición.

El PSOE es el gran damnificado de la segunda vuelta y es consciente de que el sorpasso es inevitable. Es consciente también de la fractura generacional y territorial de su partido. Así, está enfocando la pre-campaña en positivas propuestas sobre las pensiones, blindando el voto de las capas mayores, intentando compensar la pérdida de votos en la periferia peninsular, las grandes ciudades y los jóvenes.  

La campaña de Venezuela no tiene afecto ya en las generaciones más jóvenes, debido a como es respondida y denostada en las redes sociales, pero aún tiene cabida e influencia en aquellas zonas poblacionales cuya principal fuente de información son las televisiones y periódicos tradicionales.

Pablo Iglesias Cercle EconomiaUnidos Podemos es hoy el único agente capaz de romper con el Régimen del 78 y la colonialización de la casta de las esferas del poder. Con tal de incrementar la polarización electoral, ha asumido también una narrativa socialdemócrata, como se vio en el discurso de Pablo Iglesias ante el Cercle d’Economia.

La bajada ideológica es peligrosa, como se demuestra en los gobiernos municipales de Madrid o Barcelona, donde Ada Colau en una misma semana ha logrado pactar con el PSC y criminalizar los movimientos sociales en el barrio de Gràcia. Otra fuente de sospecha es la idea expresada de que en ningún caso se romperá con los límites de déficit de la Unión Europea y que los cambios serán parciales.

A pesar de este peligro, la narrativa keynesiana es clave para consolidar un discurso ganador que englobe a la izquierda transformadora con las clases medias, que hace muchos años deberían haber oído que la austeridad, no solo es negativa por los recortes sociales, sino que ineficiente para la recuperación económica. Y que existe una agenda neoliberal que explica la austeridad y que otra política económica es posible sin penalizar la demanda interna.

La ilusión frentepopulista de Unidos Podemos, su condición de hija del 15-M y nieta de los perdedores de la Guerra Civil, su puesta en escena donde ha dejado claro que el PSOE forma parte de la otra orilla marcada por la austeridad, la corrupción, y la guerra sucia, merece la oportunidad del intento.

Referéndum

Pero pasos cortos no son suficientes para la población catalana, que está en un escenario más avanzado en su despertar contra la austeridad y en la construcción de un proceso constituyente que remplace al Régimen del 78.

Después de la renuncia a propuestas como el Proceso Constituyente a nivel estatal, a la demanda de República o a exigir abiertamente salir de los límites de déficit público impuestos por la Troika; la demanda de un Referéndum de Independencia es hoy la propuesta más rupturista de todo el estado.

Manifestació MeridianaY, sin embargo, durante los largos 4 meses de negociaciones se notó demasiado que, llegado el momento, el Referéndum no sería condición incondicional para formar gobierno. La actitud de Podemos con el Referéndum catalán es positiva y democrática. Pero es más una reacción “buenista” para marcar distancias con las otras opciones que no una proactiva actitud de abanderar el proceso de autodeterminación.

Y este es un problema: pues el Referéndum catalán es hoy la única ruptura realista a corto plazo en el estado español, y tiene fuerte respaldo popular, y ésta debería ser la estrategia cortoplacista de cualquier genuino movimiento de transformación social.

Podemos debería abanderar las demandas rupturistas como el Referéndum y recuperar las demandas originales de nacionalizaciones de los sectores estratégicos, no reconocer parte de la deuda o de proteger la economía.

En una reciente entrevista en Crític, Gerardo Pisarello mostraba las limitaciones de poder real en el marco municipal. La Generalitat lleva años quejándose de las limitaciones de su autonomía. El gobierno central también tiene limitaciones, debido a las cesiones de soberanía a la UE. Pero esto no debería ser excusa para, al menos, intentarlo y mostrar que el motivo original no era solo ganar y desplazar la mafia del poder, sino para realmente hacer cambios genuinos que transformen la sociedad.

A pesar de su nefasta gestión en el gobierno de Junts pel Sí y a pesar de su errónea estrategia de alianzas con CDC, ERC es una opción que, previsiblemente, no llegará a renunciar al Referéndum en ningún escenario. ERC y la CUP deberían ser, de hecho, el socio preferencial de En Comú Podem en Catalunya, en lugar de dar oxígeno al PSC, como ocurrió con la creación de una comisión entre Domenech e Iceta para tratar el “tema catalán”, o con la entrada en el gobierno municipal de Barcelona.

Solo una alianza rupturista (y el PSOE preferirá convertirse en un partido regionalista andaluz antes de pasarse al rupturismo) que incluya el independentismo puede lograr la correlación de fuerzas necesaria transformar la realidad.

El Referéndum es necesario para asaltar los cielos.

 

Constantí Segarra

boxedpress.com

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