Atrévete a Opinar

El ascenso Nazi. La política económica alemana 1929-1936.

Se ha cumplido recientemente el 80 aniversario del nombramiento de Adolf Hitler como canciller de Alemania.

Los medios y los actos oficiales han aprovechado para repetir una ya conocida narrativa de toma de poder.

Algunas de ellas intentan explicar el horror nacionalsocialista desde la perspectiva individual de Hitler: las supuestas tendencias demoniacas, homosexuales, frustraciones infantiles, humillaciones físicas o raciales, las creencias supra naturales o sus extraordinarias habilidades retóricas populistas que hipnotizaron a toda una población.

La importancia de un líder en una sociedad de masas es indiscutible. La brillante retórica de Hitler, su obsesivo control jerárquico sobre el partido primero, y el estado después, explican parte de la historia. El rol individual en el proceso histórico influye en la acentuación y mutación, en la aceleración o desaceleración.

Sin embargo, es la base material socioeconómica la que crea las condiciones para tales procesos.

Otras narrativas combinan la humillación del tratado de Versalles y los efectos de la crisis y el desastre de la hiperinflación como caldo de cultivo que crea las condiciones para que triunfe un discurso radical y nacionalista.

De ahí que, hoy en día, la misma narrativa defiende dos axiomas económicos para evitar que se repita la historia: hay que limitar la política monetaria a los objetivos de la inflación y hay que evitar el proteccionismo y defender el liberalismo económico como garante del intercambio comercial y la prosperidad entre países.

El mercado común europeo es la garantía del librecambismo dentro del continente, mientras que el BCE, siguiendo la estela de su predecesor alemán, tiene como objetivo exclusivo estabilizar la inflación al 2% anual, excluyendo otros objetivos como el pleno empleo o el crecimiento, que si existen en otros bancos centrales como en la FED.

Pero, ¿realmente surgió el nazismo de la hiperinflación? Y ¿el libre comercio es inherentemente beneficioso para todos los participantes o depende de las condiciones en qué se aplica y los intereses geoestratégicos que lo rigen?

Así que, muy brevemente, y sin intentar justificar en ningún momento el gobierno nazi sino procurando ser el máximo de neutral posible, ¿cuáles eran las condiciones socioeconómicas en la República de Weimar, cómo afectó la crisis, qué política económica se siguió para combatirla y qué condiciones se crearon para que un partido radical marginado electoralmente se hiciera, finalmente, con el poder en 1933?

La hiperinflación

La hiperinflación fue un episodio de graves consecuencias socioeconómicas que se produjo en la Alemania de Weimar entre 1921 y 1924.

Con una economía destruida por la Gran Guerra y unos enormes gastos en reparaciones bélicas dictadas por el Tratado de Versalles, Alemania sufrió el ciclo inflacionista más importante de un país occidental durante el siglo XX.

El total de reparaciones sumaban 132 mil millones de marcos, mucho más del total de las reservas de oro y monetarias alemanas, a pagarse con anualidades de 2 mil millones de marcos y los beneficios correspondientes al 26% de las exportaciones germánicas.

Según el tratado, las reparaciones debían pagarse en oro o moneda extranjera, lo que propició una continua presión negativa del marco frente las otras divisas. Esto provocó una constante subida de los precios domésticos, encareciendo los costes operativos del gobierno e incrementando el déficit público que se resolvía con una expansión monetaria.

Frente la constante pérdida del valor del dinero, aumentaba el consumo y la velocidad monetaria que, a su vez, acentuaba aún más el incremento de precios, un perfecto circulo vicioso.

Si en 1914 hacían falta 4.2 marcos para cambiar a un dólar, en 1918 eran 8.91, en 1919 47 y en 1921 ya subía a 330. A finales de 1922 el marco bajó hasta los 8000.

La hiperinflación motivó la ruina de miles de empresas y hogares, grandes dramas personales y un inédito caos en las finanzas públicas.

El ciclo solo se terminó con una serie de baterías nacionales y ayudas externas. En primer lugar, se relajaron las condiciones de las reparaciones. También se creó una nueva moneda, el Renten-Mark, ligada al oro, que suplantó a la moneda anterior al cambio de un Renten-Mark por cada trillón de marcos.

La estabilidad monetaria se consolidó con el inicio de un ciclo económico expansivo, los felices años 20.

Crack, recesión y aumento apoyos del NSDAP.

Si bien la hiperinflación fue una grave crisis con nefastas consecuencias sociales, estas no tuvieron efecto alguno en un aumento del apoyo popular al NSDAP, que siguió marginado electoralmente y sin una estructura nacional consolidada. En las elecciones generales de 1924, en plena resaca hiperinflacionista, el partido nazi no supero el 3% de los votos.

El Partido Comunista tampoco consiguió grandes resultados, obteniendo la cuarta posición detrás del partido socialdemócrata, conservador y centrista. Este triunvirato de corte moderado se benefició de la mejora de la coyuntura económica, y del crecimiento entre el 1925 y 1929, que vino acompañado de un resurgir cultural y un aumento de las clases medias y del consumo.

El entusiasmo socioeconómico se volvió a reflejar en las urnas cuando, en las elecciones de 1928 ganaron los partidos moderados y el NSDAP se quedó en el 2.63% de los votos, cien mil menos que en los anteriores comicios.

Sin embargo, solo cuatro años después, en 1932, los nazis ya ostentaban el 37,36% del voto popular y se erigieron como principal fuerza política del país.

Para entender el ascenso del NSDAP, pues, no hay que remontarse en la inflación, sino en el ciclo desatado por el crack financiero y la consiguiente recesión, y la política económica por los gobiernos de Weimar entre 1929 y 1932.

Resultados elecciones nazis

La política económica de reacción a la crisis en Weimar 1929-1932
El milagro alemán se debió en gran parte a la intervención americana frente el resentimiento inmovilista anglo-francés. Los planes Dawer y Young permitieron, a la vez, un relajamiento de las condiciones de reparo y a una enorme emisión de préstamos internacionales con condiciones favorables, que permitió el saneamiento de las cuentas públicas y el flujo crediticio a la inversión y consumos privados.

El crecimiento de Alemania entre 1925 y 1929 fue excelente, superando en el 29 los niveles previos a la Gran Guerra.

La dependencia del crecimiento a la expansión crediticia americana tuvo su traumático final en el crack de Octubre del 1929. Los EEUU empezaron un proceso inmediato de desinversión, que dejó a la quiebra miles de empresas (y al estado) y a la calle centenares de miles de trabajadores.

El empeoramiento socioeconómico –recesión, desempleo y déficit público- no tardó a trasladarse en las instituciones.

Solo cinco meses después del crack cayó el gobierno de coalición liderado por el socialdemócrata Schleicher, inoperante y sin discurso ni política sobre la recuperación.

Fue reemplazado en la Cancillería por Heinrich Brüning, del Partido Centrista.
Brüning era un supuesto experto económico que defendía que una reducción del sector público potenciaría la recuperación económica y crearía puestos de trabajo. Desarrolló una severa política de austeridad: reducción del gasto público y bajada de salarios, subida de impuestos indirectos, eliminación de las prestaciones sociales de desempleo y reformas de desregulación laboral.

La política económica de Brüning también consistía en aumentar el poder exportador de los productos alemanes. Así, propuso en 1931 la unidad aduanera con Austria, que ya había existido entre 1866 y 1918. No obstante, la oposición de Francia imposibilitó el acuerdo comercial. El libre mercado centroeuropeo solo se consiguió con el Aunchluss de 1938.

Pero la recuperación nunca llegó y Alemania entró en depresión. La austeridad provocó una acentuación del desempleo e imposibilitó la recuperación económica.

El gasto público sufrió una caída del 14.4% durante el periodo 1929-1932. No se sanearon las cuentas, pues la reducción de la inversión y consumo públicos creó un efecto multiplicador negativo a la economía privada que causó una brusca caída de la recaudación estatal del 13.7% en el mismo periodo. Es decir, el 95% de los recortes fueron compensados por una bajada de la recaudación. No solo no se bajó el déficit sino que se dinamitó cualquier posibilidad de recuperación económica.

A los fundamentalistas de los objetivos de la inflación, que se justifican poniendo el ejemplo nazi, hay que recordarles que, de hecho, entre 1929 y 1932 hubo una fuerte deflación monetaria. Si el IPC del 1929 estaba en 100, en 1933 había bajado a 85.

El desempleo es el mejor indicador para mostrar los efectos de la recesión y austeridad en Alemania en el periodo 1928-1932, donde creció del 8.4% a más del 30% (y casi seis millones de aturados).

Desempleo Weimar

En un escenario de recesión, la austeridad, el fin de los subsidios del paro y de las prestaciones sociales solo fueron una bomba de relojería que conduzco a una escalada del paro, a un aumento de la pobreza extrema, los suicidios y la desigualdad. Esta fue la base socioeconómica para la radicalización de la población y la deslegitimidad de los partidos moderados.

La primera muestra de la polarización social fueron las elecciones del 1930, que supuso una pérdida de escaños de los partidos de la grande coalición y una subida del NSDAP y del Partido Comunista.

Debido a su situación minoritaria, Brüning siguió su administración en base al decreto presidencial de emergencia (“Notverodnung”) prescindiendo del Parlamento, consolidando la democracia autoritaria.

Sin embargo, su posición resultó insostenible y dimitió a medianos del 32, sustituido por Franz von Papen, quien disolvió de nuevo el parlamento y convocó elecciones en Julio que solo consolidaron la polarización social y un espectacular primer puesto por el NSDAP y tercer puesto para los comunistas.

Los resultados imposibilitaron el gobierno de von Papen, que volvió a convocar elecciones en Noviembre, donde el NSDAP consolidó la primera posición. Von Papen dimitió y Kurt von Schleicher, un turbulento conspiracionista, de contradictoria política económica (ultraconservador pero propenso a pactos con los sindicatos y a la expansión fiscal), ocupó la cancillería entre el 3 de diciembre del 32 y el 30 de enero del 1933, cuando, ante el caos institucional, Hitler fue nombrado canciller.

El NSDAP, la solución a la crisis

El apoyo del sector privado
Ante el descrédito de los partidos moderados y la amenaza comunista, el gran capital industrial, financiero y químico, apostó – y financió- por el NSDAP, como la última garantía de supervivencia del orden capitalista.

Grandes empresas como Hugo Boss, Siemens, Volkswagen o Bayer no solo no fueron nacionalizadas, sino que fueron claras beneficiadas y defensoras del sistema.

No solo por miedo al comunismo. La crisis había provocado una fuerte caída de la rentabilidad en el sector privado alemán. La austeridad había mejorado muy levemente la productividad.

Había, además, una cierta contradicción económica en el intento de recuperación.

El sector agrícola, aun muy importante y arraigado entre la aristocracia prusiana, era propenso a aumentar las tarifas a la importación de productos agrarios, para proteger la producción doméstica.

Sin embargo, el sector industrial temía una reciprocidad foránea que limitaría la exportación de manufacturas en un escenario de contracción de la demanda interna.

El NSDAP prometía, a la vez, la protección económica y un desarrollo de la industria vía un aumento de la demanda estatal, un programa de rearmamento, y un proyecto de expansión territorial para colocar la producción interna.

El apoyo popular y el ala izquierdista del NSDAP
No es que Hitler tuviera poderes sobrenaturales. Es que era el único político, junto a los comunistas, que hablaba de los efectos de la crisis, la pobreza, el paro, los suicidios y proponía soluciones. El principal electorado nazi fue el de unas clases medias y funcionarias que habían perdido poder adquisitivo y temían su supervivencia con la crisis y la austeridad.

En un país con fuerte implantación comunista y socialdemócrata, pero con importantes valores nacionalistas y de resentimiento internacional, el NSDAP supo combinar un discurso izquierdista anti-austeridad con el fervor patriótico de una población humillada por la derrota militar y el Tratado de Versalles.

Perdura aún el debate en la historia económica si Hitler fue solo un proyecto del capitalismo alemán para su supervivencia o si realmente se creía parte de la retórica progresista que exponía a la población.

Había sectores del partido -o en la órbita- genuinamente anti-liberales, el ala izquierdista del nacionalsocialismo. El mayor ejemplo eran las SA, las milicias paramilitares que disponían tres millones de miembros en el 34, más que los militantes del partido o miembros del ejército, y que habían sido claves para las victorias electorales y las movilizaciones de masas.

Seguían siendo nacionalistas, antisemitas y antimarxistas, pero defendían las colectivizaciones a los terratenientes y las nacionalizaciones industriales, el control del estado sobre la economía y la disolución del ejército.

Para ellos, aún después de que Hitler fuera nombrado canciller, hacía falta una segunda revolución para controlar todos los resortes de la economía alemana y terminar con las influencias de la nobleza prusiana y del capital.

Ernst Röhm. SA.La noche de los cuchillos largos y el asesinato de Röhm y de toda la cúpula de las SA fue el momento en qué Hitler dejó la ambigüedad y, sin abandonar la retórica populista, nadie en el partido o el movimiento nacionalsocialista no volvió a amenazar al gran capital.

Otro miembro destacado del ala izquierdista nazi fue Gregor Strasser, secretario de organización del partido, miembro también del movimiento laborista. También fue asesinado la misma noche, junto con Schleicher.

El exponer un sector más anti-liberal dentro del movimiento no es un intento de justificarlo ante la historia. Röhm y sus secuaces compartían el fanatismo racista y el ultranacionalismo.

La política económica del nacionalsocialismo. 1933-1936

La Alemania nazi llevo a cabo un programa de expansión fiscal, desarrollando baterías de inversión básicamente alrededor del ejército, la industria pesada, infraestructuras, una enorme red de autopistas, y las obras públicas para los Juegos Olímpicos del 1936.

Hitler aumentó el sector público y la intervención y centralización de la economía, situando al estado como principal actor de la demanda industrial.

El desarrollo militar fue el principal motor de crecimiento, empleo y destinatario presupuestario. Si en 1933 el gasto militar suponía el 2% del PIB, en 1940 ya llegaba al 44%. Tan temprano como en 1934, el sector militar suponía ya la mayor parte de nuevos puestos de trabajo creados. El hecho que el pleno empleo fuera casi exclusivamente reducido al sector militar, no potenció, como podrían indicar los índices, a un aumento significativo del consumo privado o al poder adquisitivo de la población, si bien sí que era ya superior a los niveles de 1928.

Alemania consiguió rápidamente el pleno empleo y se recuperó de la depresión antes que EEUU o la GB. Los índices de rentabilidad del sector privado se multiplicaron, al combinar el crecimiento con un estancamiento del margen salarial y un alargamiento del horario laboral.

Hay que comentar que las estadísticas del pleno empleo no tenían en cuenta ni la fuerza laboral femenina ni a los judíos.

Parte del éxito se basó en negarse a seguir pagando la deuda externa y las reparaciones de guerra, que liberó recursos disponibles para la inversión.

Además, superó la contradicción de las necesidades económicas a partir de una fuerte limitación a las importaciones y, a la vez, incrementar la expansión territorial para garantizar la demanda a los productos germánicos.

La unidad de mercado en los territorios de habla alemana (Austria, Sudetes, Danzig) fue la primera fase de un proyecto que ya tenía como objetivo la totalidad del continente europeo y la obtención de recursos del este eslavo.

El apoyo del sector privado a la guerra en sus inicios no resultaba de un odio ideológico al bolchevismo o a la cultura anglosajona, sino en la sostenibilidad a largo plazo del proyecto capitalista alemán: la obtención de nuevos mercados y fijar las reglas del comercio librecambista intra-europeo desde una posición ventajosa.

El plan cuartanal: en 1936 el gobierno aprobó un plan estratégico de reindustrialización y rearmamento, basado en una expansión fiscal y monetaria, que evitó la recaída y consagró el pleno empleo.

No se pueden considerar keynesianas las políticas económicas nacionalsocialistas. De un lado hay un remplazo por el estado, no un apoyo, al consumo privado. Del otro, la expansión fiscal no se basaba en aumentar el poder consumista de la población, sino en estancar el margen salarial para aumentar la rentabilidad del sector privado.

La estrategia del plan era crear las condiciones para lograr el crecimiento y desarrollo a largo plazo, es decir, los preparativos militares para ganar una guerra que garantizase la expansión territorial y perpetuar el control alemán sobre un amplio mercado, de donde absorber recursos y colocar los productos

Tenía como objetivos la autosuficiencia económica, la especialización laboral, y un salto cualitativo en la producción tecnológica y energética. A parte del desarrollo militar, incrementó la fibra sintética, la producción automovilística, una amplia red de autopistas, y las construcciones inmobiliarias y de hospitales.

En propias palabras de Hitler en la presentación del plan, este “debía hacer Alemania totalmente independiente en todos aquellas áreas productivas que potencialmente puedan ser sustituidas domésticamente”.

Fue, salvando las distancias, un incipiente programa proteccionista de industrialización por sustitución de importaciones concentrado en el sector militar y dirigido a un potencial mercado europeo.

El plan provocó ciertas contradicciones entre el sector privado, la parte que se beneficiaba del desarrollo militar y la parte que sus ganancias estaban reducidas a los ámbitos civiles.

El NSDAP, si bien apostó por el pleno rearmamento, también dejó margen a la economía civil, como muestran el desarrollo del sector electrodoméstico durante el ciclo nazi.

Sin embargo fue insuficiente por parte del sector privado civil, desde donde nacieron las primeras oposiciones desde la derecha al sistema, sobre todo ante las primeras derrotas bélicas.

En conclusión, la hiperinflación no tuvo efecto alguno en la toma de poder de los Nazis, como demuestra la marginación electoral en los comicios del 24 y el 28 y la situación deflacionista en el 32. Repetir el nexo inflación con toma de poder y limitar las funciones de los bancos centrales a los objetivos de la inflación, responde más a agendas de política monetaria actuales.

La crisis y la austeridad de los últimos gobiernos de Weimar crearon las condiciones para que tanto la población –para políticas de reactivación económica y pleno empleo – como el sector privado –para eliminar la amenaza comunista y aumentar la rentabilidad en base a la reindustrialización y rearmamento- apoyaran al NSDAP, que mantuvo una retórica populista y nacionalista.

Una vez en el poder, el NSDAP liquidó su ala izquierdista y mantuvo una combinación de política económica expansiva e intervencionista con salvaguardar los intereses empresariales, proteger la propiedad privada de los medios de producción, la acumulación de capital y limitar el margen salarial.

El proyecto alemán solo era sostenible combinando un proteccionismo con una expansión territorial librecambista para ampliar mercados y aumentar cuotas, lo que propició, primero, la unión de territorios de habla alemana y, después, la subyugación de Europa y la guerra.

 

Constanti Segarra

Boxedpress.com

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  1. El ascenso Nazi. La política económica alemana 1929-1936 | 04/02/2013
  1. marti says:

    Me ha gustado realmente este análisis sobre este periodo, tan sujeto a interpretaciones fáciles y erróneas. Sin duda, los crímenes y la barbarie posterior pesa mucho y nubla los juicios de valor.
    Pero lo cierto es que el pueblo de Heisenberg, Plank y Schrodinger*, con todo su bagaje cultural (probablemente el mayor del mundo) se embarcó en el desastre.
    Esta locura cuesta entender sólo con criterios económicos, sin duda el factor humano del Tratado de Versalles fue determinante . Y es que hay que saber ganar.

    *incluye Austria.

  2. No cabe duda , de acuerdo a este articulo, que el nazismo fue producto de la hiperinflacion. Los procesos hiperinflacionario, no generan un alto desempleo…por el contrario cuando hay que “arreglar las cuentas” y llega el ajuste ( el mismo que todos nosotros aprendimos de nuestros padres y abuelos, es decir: Hay pocos ingresos, ajustarse el cinturon, reducir gastos y tratar de aumentar los ingresos, para pagar lo qeu se debe) La hiperinflacion fue el espermatozoide que engendro al Nazismo, y como todo engendro, demora en nacer…pero nace. El articulo lo demuestra claramente. Pero claro, es mas facil culpar a otros…..ahora parece que emitir moneda no es malo…y sus consecuencias tampoco.

  3. miguelsan says:

    Gracias por este artículo tan interesante. Yo lo resumo así: hubo una crisis monetaria provocada por las sanciones tras la 1GM, conocida como hiperinflación, y a la cual se achaca el ascenso nazi. Sin embargo esta crisis se resolvió bastante rápido, al precio de crear una burbuja; la explosión de la cual conocemos como la Gran Depresión del 29. El ascenso nazi se produce precisamente a raíz de las medidas gubernamentales de austeridad tomadas en Alemania para resolver aquella segunda crisis, que no consiguieron sino empobrecer aún más a la población y destrozar la economía.

    Tiene sentido. En Grecia está ocurriendo lo mismo con Amanecer Dorado. Menos mal que Grecia no es una potencia mundial, pero los griegos lo tienen feo. Y en España de momento nos libramos por los pelos.

    • Jdoit says:

      Hombre, librarse lo que es librarse… ¿No habéis visto el reportaje que hicieron los de la Sexta -puag- sobre un partido similar pero en pequeñito que ayudaba a las amas de casa económicamente a cambio de votos? Pues esos están extendiéndose cada vez más rápido. Si simplemente fueran soluciones políticas y no radicales, yo les votaba. Je.

  4. Jdoit says:

    Prepotencia británica y de algunos más, depresión socioeconómica en Alemania -la hiperinflación provocó algo, y ese algo a su vez otro algo, así que la hiperinflación desde mi punto de vista sí influyó-, nacionalismo muy extremo… Todo eso podemos decir que puede engendrar un serio conflicto bélico, de carácter civil e incluso internacional, a parte de que engendra la posibilidad de que Hitler ascienda al poder.

    No se le puede hacer a un país lo que le hicieron a Alemania con lo de Versalles, hay que tener humanidad porque si lo que cultivas es negativo el resultado seguramente será negativo. Ciertamente la actualidad guarda inquietantes similitudes con aquellos tiempos, la diferencia es que ahora es Alemania la que muestra un grado de irritante prepotencia ante países como el mío, España. No se puede ignorar la estupidez de nuestros políticos, han destrozado nuestra sociedad, pero ahora Alemania no puede hacer lo que está haciendo, debe ceder o nos mantendremos en crisis 10 años más, y ya llevamos unos cuántos.

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