Atrévete a Opinar

Goodbye Ed: El fracaso del laborismo británico.

Contra todo pronóstico, y a pesar de las encuestas, el pasado 7 de Mayo los conservadores lograron la mayoría absoluta en Westminster.

El Partido Laborista quedó muy lejos de los objetivos marcados, propiciando la dimisión de su líder, Ed Miliband, y abriendo un proceso de renovación que finalizará en Septiembre.

Para definir una estrategia laborista que permita realcanzar el poder y, a la vez, detectar qué elementos son extrapolables en el caso español, se requiere analizar cuáles son los motivos que han promovido el fracaso del laborismo británico.

 

Los resultados

  • El partido laborista consiguió el 30.4% de los votos y un total de 232 escaños, 24 menos que en 2010. La participación electoral entre 2010 y 2015 fue similar (65.1% y 66.1% respectivamente).
  • Si bien el partido laborista perdió más de 20 diputados, en realidad ganó votos y proporción de votos: un total de 740mil votos más, un 1.4% más que en las anteriores elecciones.
  • Es más, las pérdidas fueron concentradas en Escocia. Allí, el laborismo perdió 40 diputados y 328mil votos. En Inglaterra y Gales los laboristas lograron 16 escaños más y más de 1 millón de nuevos votantes. En Londres, por ejemplo, los laboristas lograron 7 diputados añadidos, adquiriendo un total de 45 escaños de los 73 que había en juego.

No obstante, el resultado fue claramente insuficiente, pues incluso en el escenario que los laboristas hubieran mantenido todos sus escaños escoceses, los conservadores hubieran logrado igualmente la mayoría absoluta.

Fuera de Escocia, los apoyos laboristas se concentraron en Londres, el norte de Inglaterra, los Midlands y la Conca sur de Gales.

Mapa electoral británico 2015

Análisis

Solo horas después de la muerte política de Ed, los búhos intervinieron rápidamente. Los aristócratas del Partido Laborista, como Lord Mandelson, Alan Johnson o el hermano de Ed, David Miliband, así como algunos de los candidatos que ya se han presentado para las primarias, como Chuka Umunna, Liz Kendall o, en menor medida, Andy Burnham, se han unido en criticar la campaña electoral.

Según este enfoque, la derrota electoral laborista se debe al discurso izquierdista de Ed Miliband, enfocado demasiado a la redistribución y la desigualdad y en no enfatizar suficientemente la necesitad de recortar el déficit y la deuda.

La opinión de este grupo, mayoritario en presencia mediática, es que el partido debe recuperar el espíritu de 1997 que, con el New Labour de Tony Blair, consiguió llegar a las clases medias suburbanas con propuestas políticas enfocadas a la población con aspiraciones y a favor de los “creadores de riqueza”.

Para ellos, la clave de la victoria se encuentra en el centro político, recuperar los votos de las clases medias inglesas que se han ido a los tories y, para ello, recuperar un discurso moderado y business friendly.

El laborismo requiere un debate interno profundo y estratégico, más prioritario que la cursa al liderazgo.

No obstante, no tiene sentido culpar a Ed Miliband de la derrota laborista y recomendar una vuelta a los postulados del New Labour, cuando bajo la dirección de Tony Blair y Gordon Brown el partido perdió 5 millones de votos entre 1997 a 2010.

De hecho, el laborismo con Ed Miliband aturó el derroche de votos perdidos del laborismo, pues fue la primera vez desde 1997 en qué el laborismo no pierde votos comparado con las anteriores elecciones.

Diferencia votos Partido Laborista previas elecciones

Sí hace falta recuperar votos suburbanos, pero no exclusivamente. Hasta 2,6 millones de personas votaron partidos más a la izquierda del laborismo: el SNP y los verdes. Otros 3,8 millones votaron al UKIP, que si bien es euro-escéptico y roza al racismo, la realidad es que se nutre de votos de las clases populares que antes eran laboristas, fascinadas por su discurso de recuperación de soberanía, de ataque a las élites económicas y la austeridad, a la Troika y la Unión Europea.

Por otra parte, esta totalidad de votos se redujo a un solo escaño debido al sistema electoral británico. Con un sistema proporcional, los conservadores estarían muy lejos de la mayoría absoluta.

Ed MilibandEd Miliband, genuinamente progresista, que se presentó a las primarias laboristas contra su hermano debido a que creía que David traicionaría las ideas marxistas de su padre, tuvo el continuado problema de una estructura partidista y mediática dominada por el New Labour en que incluso miembros de su gobierno en la sombra no propagaban con el mensaje del líder.

Su máxima victoria fue la lucha contra Murdoch sobre las escuchas telefónicas, cuando hizo tambalear en 2011 al gobierno de coalición y provocó el cierre del News of the World y la caída de Andy Coulson y Rebeca Brooks.

La campaña electoral laborista tampoco fue izquierdista. Si bien Miliband trató de poner la desigualdad y protección de la sanidad pública y del estado del bienestar al centro de la campaña, la realidad es que en política económica estuvo siempre a la defensiva y que medidas populares como la renacionalización de las líneas férreas después del fracaso de su privatización o intentar frenar el control de la City en la economía británica, destacaron por su inexistencia.

La clave principal de la derrota laborista fue la imposibilidad de proponer una política económica diferente a la conservadora. El Reino Unido ha vivido los últimos 5 años un ataque sistemático al laborismo, sobretodo desde el grupo Murdoch (The Times, The Sun, Sky), en que se repetía la narrativa que la culpa de la crisis fue el excesivo gasto público de los gobiernos laboristas y que los conservadores no han tenido otro remedio que sanear las finanzas públicas.

En lugar de combatir el discurso de legitimación de la austeridad, como pedía el ganador del Nobel de Economía, Paul Krugman a finales de Abril en este magnífico artículo, los laboristas han estado estos 5 años intentando ganar credibilidad en gestión pública al precio de aceptar la imposibilidad de construir una alternativa a la austeridad.

Una vez se aceptó esta premisa y se defendió a capa y espada en el programa electoral reducir el déficit y la deuda pública, la suerte ya estaba echada: si de lo que se trata es de recortar, nadie lo hará mejor que los conservadores.

Este, y no otro, ha sido la razón del fracaso electoral. La imposibilidad de construir una narrativa alternativa a la austeridad. El voto centrista se quedó con los tories, el voto izquierdista se fue al SNP y a los Verdes y el voto más nacionalista al UKIP.

Ed se encontró en la contradicción de proteger las víctimas de la agenda de recortes conservadora pero a la vez aceptando sus premisas originales, impidiendo una narrativa coherente que uniera una política económica popular e individual.

En cuanto a que el Partido Laborista debe apoyar a los “creadores de riqueza”, como proponen los aristócratas, esto debería ser incuestionado. El socialismo siempre fue basado en la capacidad creativa y productiva de la población, y cualquier político laborista debería aceptar que toda la clase trabajadora crea riqueza, no solo los empresarios.

El modelo de creación de riqueza del New Labour, la desregulación y el poder absoluto a la City, se hundió en 2008. La creación de riqueza de los partidos progresistas en 2015 debería tener el estado y el control público de los sectores estratégicos como punto troncal de la producción, y abandonar la dependencia al sector financiero y a las burbujas especulativas.

La llamada a responder a las aspiraciones de la población no se debería reducir a las clases medias suburbanas, sino mejorar la calidad de vida del conjunto de la población. Por esto, la solución no es la propuesta del New Labour de seguir bajando los impuestos a las rendas más altas, sino defender y blindar el estado del bienestar.

 

Conclusión

La moderación discursiva, el intento de apelar a la clase media, el abandono de programas de reforma estructural alineados con una proyecto nacional que una las clases populares con las clases medias fueron las principales causas del fracaso laborista.

Una vuelta al New Labour supondría una consolidación de las alternativas a la izquierda del laborismo, consolidaría el SNP en Escocia y daría alas a un aumento exponencial de los Verdes, mientras que promovería un asalto del UKIP a varios escaños históricamente laboristas.

Para recuperar el espíritu de la victoria, el laborismo no debería solamente mirar a 1997, sino también a 1945  y 1966. Debería trazar una política económica completamente liberada de la austeridad y reemprender políticas públicas que garanticen el crecimiento y blinden el estado del bienestar.

Esta lección debería ser aprendida en España, sobretodo después del abandono de Monedero en Podemos debido a la reciente tendencia moderada y la necesidad de quedar bien ante las clases medias. Ser el partido del 99% no significa diluir el radicalismo de las propuestas, sino ser capaces de crear una narrativa alternativa ajena y opuesta a la del Régimen español. En lugar de hacer hincapié a la corrupción, Podemos debería presentar un programa de política económica radical y viable para lograr un modelo de estado basado en el poder público, el crecimiento y desarrollo y el estado del bienestar.

La lección también debería ser aprendida por el independentismo catalán. La clave de la victoria del SNP no es que allí estén unidos y en Catalunya haya múltiples candidaturas soberanistas. La clave está en que el SNP ha logrado convencer a la mayoría de la población escocesa, tradicionalmente laborista, de que la austeridad es nociva para el crecimiento y el bienestar y que la independencia es el mecanismo más eficiente para liberarse de la austeridad. Sólo cuando el independentismo catalán esté pivotado des de un discurso izquierdista anti-austeridad tendrá garantizada la mayoría y la capacidad de superar unilateralmente el marco constitucional español.

 

Constantí Segarra

Boxedpress.com

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  1. Efectivamente, es una lástima que el independentismo esté ahora liderado por los conservadores catalanes. Sin embargo, la izquierda independentista catalana va creciendo en popularidad.

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