Atrévete a Opinar

Porqué los economistas no ayudan a la economía

By on 16/08/2013 in Boxed Economics with 3 Comments

¿Qué pasa con los economistas? ¿Qué les lleva, día tras día, a fallar en sus predicciones, ser tan miopes con las crisis y proponer recetas que no funcionan? En definitiva…¿Porqué no ayudan a la economía?

Demasiada información puede ser perjudicial

Por un lado jamás se habían congregado tantos estudiosos de la economía y tanto interés por la materia. Además, gracias al avance de la informática, tanto el desarrollo de los modelos matemáticos como los sistemas de recaptación de información han llegado a un punto de complejidad sin precedentes. Nunca antes un economista había tenido tantos datos y tantas maneras de cruzarlos y trabajar con ellos. Sin embargo tampoco antes había existido tan poco consenso en la toma de decisiones. ¿Cómo es eso posible? Tal vez nos estemos acercando al punto de saturación de la información económica.

Puede que la ciencia económica se haya transformado en una máquina de generar información. Sin más. Sin preocuparse por sus implicaciones o por si choca frontalmente con otra mucha información. Todo el mundo quiere decir la suya y nadie pierde demasiado tiempo analizando lo que dicen los demás. Un ejemplo reciente lo tenemos en el articulo de Reinhartt y Rogoff, dos economistas de Harvard que presentaron un estudio que establecía el 90% como el techo del endeudamiento público sostenible. Dicho artículo estaba basado en una hoja de Excel con fallos básicos de codificación, que omitía datos relevantes y que usaba procedimientos estadísticos algo estrambóticos. Pero nada de esto evitó que fuera una de las piedras angulares para defender la austeridad económica desde Mayo de 2010 hasta Abril de 2013. Tuvieron que pasar tres años. Tres años de austeridad económica defendida por Harvard. Para que un estudiante (los profesores estarían ocupados soñando con publicar un estudio tan influyente como el de Reinhartt y Rogoff) descubriera el error de procedimiento. Hoy especialmente, cuando nuestro país acaba de rebasar ese techo del 90% de la deuda, habría que agradecérselo al muchacho. Puede sorprender que nadie antes que él se preocupara de comprobar los fundamentos de un artículo tan trascendente, pero en realidad es lógico que así sea. El estudioso de la economía cobra y es valorado por publicar artículos, no por revisar los ya publicados. Irónicamente no deja de ser una simple cuestión de incentivos económicos y sociales. En cualquier caso todo apunta a que el día que alguna universidad premie la revisión de publicaciones más de uno se llevará las manos a la cabeza.

A estas alturas del desarrollo económico poco importa lo que se diga. Si se busca bien, se podrá encontrar un estudio que respalde lo dicho apelando a fórmulas y regresiones lineales. Hay tantas publicaciones hechas que todo es potencialmente defendible por algún estudio. Un estudio que quizás tenga erratas omitidas por toda la comunidad de economistas pero que servirá, en las manos adecuadas, para transformar una opinión en un axioma económico. Y es que, señores economistas, hoy en día es alarmantemente fácil vestir cualquier ideología con un carácter científico… y eso es un fracaso rotundo de la economía. Las opiniones nunca deberían venderse como ciencia.

Quizás el origen del problema radique en querer transformar algo tan humano como la economía en ciencia casi-pura. A menudo los actuales modelos económicos deben hacer asunciones demasiado fuertes para poder ser expresados econométricamente, es decir, mediante técnicas matemáticas y estadísticas. Para ello debe simplificarse un poco la realidad observada y asumir principios como la perfecta racionalidad de los agentes económicos. Esto quiere decir asumir que tú nunca te dejas llevar por tu lado irracional, o que los accionistas de una empresa nunca la pondrían en riesgo para obtener beneficios a corto plazo.

Alguien podrá argumentar que esto son solo suposiciones que se hacen desde el mundo académico para aproximarse de alguna manera a la realidad, pero que en la práctica nadie asume esos modelos como ciertos. No obstante, en el mundo de las finanzas se acepta como válida la hipótesis del mercado eficiente (HME) a la hora de calcular el rendimiento de títulos financieros. Esta hipótesis afirma que los mercados financieros son “informativamente eficientes”. Es decir, que los precios de todos los activos que se comercian (acciones, bonos del tesoro o bienes) reflejan perfectamente y de modo racional la información conocida. Esta teoría asume que actitudes tan humanas como la sobrevaloración, el pesimismo o la generación de burbujas especulativas no tienen cabida en los mercados financieros. Sabiendo esto se entenderá mejor porque nuestro sistema financiero ha quebrado.

El formalismo y las asunciones simplistas son dos caras de una misma moneda. El problema llega cuando los economistas y las entidades financieras empiezan a creerse que realmente viven dentro de uno de esos modelos de realidad simplificada. Grandes economistas como Schumpeter Keynes o Ramsey han dado una gran importancia a las matemáticas, pero también fueron muy claros a la hora de advertir acerca de sus limitaciones. Hayek (1964) dijo: “…el avance de la ciencia económica tendrá que desarrollarse en dos direcciones diferentes: aunque es ciertamente deseable hacer nuestras teorías tan testeables como sea posible, debemos también avanzar y presionar en campos donde el grado de verificación empírica necesariamente decrezca. Este es el precio que tenemos que pagar por el avance en el campo de los fenómenos complejos…”. Quizás sea el momento de explotar un poco más esta segunda vía.

Que nadie desespere. Hay vida más allá del formalismo científico. Precisamente si el marketing o la psicología han avanzado tanto en los últimos años ha sido precisamente por asumir y comprender el carácter irracional de las personas. En definitiva, por asumir el factor humano de sus disciplinas. También la economía debería asumir esa realidad. Una disciplina tan importante debería exigir algo más que economistas obsesionados con la publicación compulsiva y acrítica de modelizaciones.

Damian Rice.

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There Are 3 Brilliant Comments

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  1. La sociedad que compone esa “economía” es la que no se deja ayudar por no saber distinguir el grano entre la paja. Saludos

    ¿Quienes somos?:

    http://ideasdetrading.com/

    http://blogs.estrategiasdeinversion.com/elduosacapuntos/art/20130404/10543/idt-un-aperitivo-en-forma-de-parrafos./

  2. josetxo says:

    No todas las ciencias tienen el mismo poder predictivo, es así de simple. Las predicciones numéricas que, sobre sus respectivas especialidades, hacen un físico, un médico o un economista no tienen, en general, la misma incertidumbre. Eso es algo intrínseco a las propias disciplinas, independiente del convencimiento con el que las personas concretas formulan esas predicciones o, incluso, de la profesionalidad, inteligencia o erudición de esas personas. No tiene nada que ver con los economistas, tiene que ver con que cualquier predicción económica cuantitativa tiene el valor que tiene, que es bastante limitado.

  3. mataloce says:

    Es sencillo, el problema son los economistas, cuyo ego llega a tal punto que quieren hacer pasar una ciencia social por una ciencia básica. Parten de supuestos de comportamiento “racional” eliminando todo el gradiente de reacciones humanas que afecta la economía, pero además, la economía es una ciencia con un fin claro, y es proteger la ganancia del empresario, eso lo sabía bien Adam Smith, planteando que el capitalista tenía que encontrar la forma de hacerles creer a los otros dos agentes económicos (terratenientes y trabajadores) que sus intereses iban en pro de la nación siendo que sus intereses van en contra, dada la contradicción beneficio vs renta-salario. Entonces cómo esperan que una ciencia cuyo marco conceptual parte de errores tan abismales predecir si quiera nada.
    Un ejemplo claro de la pequeñez mental del economista en las predicciones inflacionarias: Si el gobierno imprime unas cantidad n de billetes para gasto público, saldrá nuestro tecnócrata diciendo, esto generará un efecto negativo por componente precios en el cual al final tendrá que pagar el tranajador…ver equivalencia ricardiana… Sin embargo si le preguntan a un economista cómo es que en naciones como Estados Unidos la cantidad de dinero (y no por efecto gasto gubernamental precisamente)equivale 25 veces la cantidad real de bienes y servicios que hay en la economía (es decir una locura…el dinero con vida propia)no tendrá respuesta alguna porque para él mientras siga cobrando su salario el mercado financiero es El Vaticano y el Mercado es Dios… o habría que recordar las palabras del inefable Hayek diciendo que “hay que escuchar a los precios” en pocas palabras el mercado cual Dios diciéndonos qué hacer….

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