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Victoria Total o parcial: La pugna entre Tsipras y Varoufakis

El Parlamento Griego aprueba un acuerdo con las instituciones muy similar al que la población rechazó hace solo unos días. Varoufakis se opone. Cuál es el debate en Siryza y la imagediferencia táctica entre Tsipras y Varoufakis que terminaron con la destitución del ministro de economía?
Aparte de la lucha entre Grecia y las “Instituciones”, existe una clara pugna interna en Siryza que está pasando más desapercibida, pero que explica los últimos movimientos. No es una cuestión ideológica: toda Siryza, y el 60% de la población, como mínimo, está en contra de la austeridad y la deuda insostenible.
La pugna se reduce en la posición de fuerza en la negociación con la Troika: hasta qué punto hay que presionar para conseguir el mayor acuerdo posible y cuáles son las líneas rojas.
Opción 1: La prioridad es mantenerse al Euro, aunque sea a cualquier precio. Esta es la posición de Tsipras, que lidera la facción moderada de Siryza, y también de la oposición de conservadores, Pasok y liberales.
Opción 2: La prioridad es no aceptar ningún acuerdo que no incluya como mínimo la reestructuración de la deuda. Preferiblemente evitar otro rescate que conlleve más austeridad y hacer un default dentro de la unión monetaria. Esta sería la victoria total: mantenerse dentro del euro pero sin deuda ni austeridad. En esta posición se encuentra Varoufakis, que lleva defendiendo esta estrategia desde 2012, el ala radical de Siryza y otras fuerzas del arco parlamentario.
Cuando Siryza llegó al poder, pudieron coexistir ambas opciones en la pugna con las instituciones. Y la estrategia negociadora ha logrado algunos avances. Si bien en España y en Europa se ha criticado la posición negociadora de Grecia como demasiado arriesgada e imprudente, esta solo ha seguido las pautas que cualquier empresa en situación de fallida hubiera seguido en cualquier país del mundo.
La verdad es que la estrategia ha sido fenomenal, en seis meses se ha conseguido:
– Que las medidas de austeridad impuestas (aumento IVA islas, reducción salario sector público, recortes en pensiones, etc.) para desbloquear los últimos €7bn del segundo rescate, ahora sirvan para conseguir un nuevo rescate de €53bn.
– Introducir en la centralidad del debate la reestructuración de la deuda y el apoyo explícito del Tesoro Americano y del FMI. Entre estos apoyos y la victoria del Referéndum, queda dañada la imagen de los acreedores de no abarcar también paralelamente la reestructuración en el marco del debate del tercer rescate.

No obstante, llegados a este punto, claramente es inviable mantener las dos opciones, o se aceptan los logros parciales, que conllevan, evidentemente, una nueva ola de recortes y austeridad para varios años mas, o se aprovecha el momentum para intentar conseguir la victoria final o, al menos, una victoria mayor: tensar todavía más la negociación para lograr mayores victorias, no aceptar ningún rescate que no incluya explícitamente una quita de la deuda que la haga sostenible y/o hacer un default total de la deuda dentro de la unión monetaria y evitar otro rescate que incluya nuevas medidas de austeridad que limiten el crecimiento.

Si bien estos objetivos son compartidos por toda Siryza, la posición de fuerza para conseguirlas pasa por una confrontación directa entre Grecia y los acreedores. Y es aquí, en esta confrontación, donde surge la división entre el ala moderada y el ala radical, pues existe la posibilidad que la confrontación termine con la salida del euro, extremo que es la línea roja para el ala moderada. En otras palabras, ante la posibilidad que aumentar la posición de fuerza negociadora termine con Grecia fuera del euro, es preferible la reconciliación ahora y consolidar las victorias parciales aun con el precio de desarrollar la austeridad.

Si bien el referéndum se ganó, Tsipras quiso rebajar tensión automáticamente con la destitución de Varoufakis y con hacer una propuesta de reconciliación. La alternativa era demasiado arriesgada.

La estrategia de Confrontación apoyada por Varoufakis

El gobierno griego tenía desde hace semanas, después de la decisión del BCE de limitar la liquidez al Sistema financiero griego, encima la mesa la estrategia de confrontación.
Primero fue imponer controles de capital para evitar la fallida, que se hizo automáticamente, y:
– Toma de control del Banco Central de Grecia, destitución del gobernador bajo leyes de emergencia nacional y control de los estimados €17bn en reservas en varias oficinas del banco central.
– Dar salida a una divisa paralela electrónica denominada en Euros, imitando el ejemplo del IOU de California en los primeros años de la crisis, para mantener a flote al Sistema bancario.
– Apelar a la Corte de Justicia Europea que el BCE actúa contra sus principios de garantizar la estabilidad financiero y reivindicar los derechos de Grecia como miembro de la eurozona. Si los acreedores fuerzan la salida del euro, ellos, y no Grecia, estarían actuando ilegalmente bajo el marco legal europeo actual, con implicaciones judiciales y contractuales en Londres, Frankfurt y Nueva York.
– Hacer una quita de €27bn de los bonos griegos propiedad del BCE, la llamada ‘deuda odiosa’ debido a que la compra original de bonos por parte del BCE fue para salvar los bancos franceses y alemanes propietarios de la mayor parte de la deuda publica griega, impidiendo una reestructuración de la deuda que, en otro escenario, hubiera ocurrido.

La estrategia de Confrontación no se basaba en la guerra abierta, sino en, sobretodo, mostrarse preparado para cualquier eventualidad, emplearse a fondo en la teoría de juegos, y hacer aumentar a la parte adversa los costes de su posición, y partía con el convencimiento que no solamente el Grexit es ilegal, sino perjudicial tanto para el proyecto europeo como los intereses económicos de los países centrales, a pesar de su reiteración que estaban preparados para la salida de Grecia.
No obstante, evidentemente traía consecuencias imprevisibles, teniendo en cuenta el chantaje financiero que hizo Europa solo para tratar de ganar el referéndum primero y para forzar un acuerdo ahora todavía. Los bancos siguen cerrados, el sistema bancario esta asfixiado por culpa de la falta de liquidez del BCE, hay una reducción de materias primas y compañías no pueden pagar a sus proveedores.
Ante el aumento de tensión de las fuerzas negociadores, el primero en salirse ha sido Tsipras, que ha preferido aceptar el acuerdo antes de incrementar los riesgos todavía más. Hacer justamente este movimiento en el momento de más acumulación de fuerzas logrado por el Referéndum y el apoyo de EEUU y el FMI, puede ser discutible, y sin duda será debatido por mucho tiempo. Pero esta ha sido la decisión y la estrategia de confrontación ha sido abandonada y Varoufakis sacrificado.
Al final Tsipras aprobará un acuerdo con unas condiciones muy similares a las que el pueblo griego rechazó masivamente en un referéndum. Habrá ganado un nuevo rescate y habrá puesto la reestructuración de la deuda en el centro del debate, pero no habrá logrado el objetivo real: revertir la austeridad y permitir que Grecia vuelva al crecimiento. De momento.

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